¿Hola, qué tal? Antes de nada me voy a presentar: me llamo Sandra, tengo 22 años y soy de Barcelona. Desde hace un par de meses leo relatos eróticos y la verdad es que me gustan mucho. Me encanta acariciarme mientras los leo. Supongo que algunos de los relatos que he leÃdo son ficticios a pesar de que indicaban que eran reales. Yo, por fin, he decidido escribir algún relato, pero eso sÃ, serán verÃdicos (si escribo alguno que no lo es, lo indicaré). Aún asÃ, algunos detalles los exageraré o manipularé levemente para un mayor disfrute y goce para todos. Yo, a pesar de mi edad, ya he vivido unas cuántas experiencias sexuales, algunas de ellas bastante curiosas. Por esta razón he tomado la decisión de escribir relatos explicando mis propias vivencias. Espero que os gusten.
Bueno, antes de empezar con el relato, voy a describirme fÃsicamente, ya que supongo que es necesario dar una imagen de cómo es una para que os hagáis una idea. Pues bien, mido 1,70, peso 60 kgs. Tengo el pelo de un color rubio oscuro; lo llevo bastante largo y es totalmente liso. Mis ojos son de color verde, pero bastante oscuros; de hecho, no se aprecia bien que son de color verde a simple vista, hay que fijarse más detenidamente. Mi nariz es pequeña y mis labios bastante finos. Mis amigos me dicen que tengo una sonrisa muy bonita y que mi boca es más bien grande; bueno, si ellos lo dicen
. Sobre mi cuerpo no me puedo quejar; sinceramente, estoy bien y mis amigos no paran de recordármelo. Estoy tirando a delgadita, con unas piernas bastante largas. Mis pechos están bien rellenitos y los tengo bien firmes; y mi cintura está de buen ver
, lo que me deja un culo nada exagerado. Mis medidas, aunque no las sé con exactitud, son de 95-63-92.
Bien, voy a empezar ya con mi relato. Os voy a contar lo que fue una de mis primeras experiencias sexuales con mi primer novio. Fue la primera vez que le dejé que se corriera en mi boca, y por lo tanto, la primera ocasión que probé el semen. Debo decir una cosa: ya sé que no está muy bien visto que a una chica le guste que se le corran en la cara y que se trague el semen, pero quiero dejar claro que esto tendrÃa que ser una cuestión más o menos normal; y por tanto, espero que no tengáis una opinión equivocada de mà (no soy una guarra o una chica fácil, simplemente es una cosa más dentro del sexo). Yo ya lo he probado varias veces, y en verdad, no me desagrada en absoluto, es más, me gusta que me lo hagan, porqué sé que a los chicos les encanta hacerlo (en general) y a mà me gusta que ellos disfruten plenamente, de la misma forma que yo deseo que me hagan gozar completamente también.
Fue hace seis años, es decir, yo tenÃa 16, los mismos que mi novio. Ya habÃamos mantenido relaciones sexuales varias veces (yo perdà la virginidad al cumplir los 15, y desde entonces sólo lo habÃa hecho con él). Pero durante un año y medio prácticamente, nunca le dejé que eyaculara sobre mi cara o en mi boca. Lo máximo que le dejaba era que lo hiciera sobre mis pechos, que a esa edad ya tenÃa bastante desarrollados. Normalmente, se corrÃa en mi mano, mientras yo le acababa de masturbar. Sà que hacÃamos sexo oral, ya que a los dos nos encantaba; pero cuando iba a correrse, me avisaba y le pajeaba hasta que terminaba. Pero un buen dÃa, nuestra relación sexual llegó un paso más adelante.
Los dos Ãbamos a la misma clase, y siempre que tenÃamos que hacer un trabajo en grupos, pues Ãbamos juntos, evidentemente. Asà que una noche estábamos en su cuarto haciendo el trabajo en cuestión. Él estaba sentado delante del ordenador y yo estirada cómodamente boca abajo leyendo un libro y dictándole lo que tenÃa que escribir. En cierto momento, dejó de escribir y se acercó a la cama. Se estiró a mi lado, poniendo una mano sobre mi muslo. Yo le miré medio riendo y ya me imaginaba lo que querÃa hacer. No me refiero a hacer el amor en toda su expresión, sino a hacernos toqueteos, caricias, besitos… lo cual nos encantaba. Yo dejé el libro en el suelo y nos miramos. Entonces, mientras él me tocaba la nalga izquierda, nos besamos. Nos juntamos más, hasta tocar nuestros cuerpos. Luego, como solÃamos hacer, nos desvestimos, el uno al otro. Empezó él: me sacó el jersey que llevaba y quedaron al descubiertos mis pechos, ya que no llevaba sujetador. Me acarició los pezones, lo que me puso muy excitada, pero paró pronto para acabar de desvestirme completamente. Me quitó los pantalones ajustados que llevaba; el calzado, los calcetines; y me dejó en bragas. Eran de color gris, lisas y de un tejido bastante grueso. Antes de sacármelas, le desnudé yo a él: hice lo mismo hasta dejarle sólo en calzoncillos. PodÃa apreciar que él estaba muy excitado, cosa que la sola visión de su paquete hacÃa evidente. Entonces él me sacó lentamente las bragas, y mientras lo hacÃa, yo le bajé los calzoncillos. Realmente, estábamos los dos muy cachondos.
Vi su pene totalmente tieso. TenÃa una polla bien bonita: le medÃa 17 cm. y era gorda. Empezamos a tocarnos nuestros sexos; él me acarició con mucha suavidad mi entrepierna y jugueteaba con mis labios vaginales. Yo puse mi mano sobre la punta de su polla y tiré la piel hacia atrás, dejando al descubierto un reluciente y precioso glande. Pasé mis dedos a lo largo de toda su verga y de vez en cuando acariciaba sus tiernos huevos. Él me metió un dedo dentro de mi coño y empezó a masturbarme de una forma muy delicada. Estaba muy caliente y ya me sentÃa mojada. Entonces decidà pasar a la acción: me acerqué a él, besé repetidamente su cuello, lamà sus pequeños pezones, acaricié su sensual ombligo, hasta que llegué a su erecto miembro. Él se puso cómodo pensando en lo que le iba a hacer: se estiró totalmente boca arriba extendiendo los brazos hacia los lados y abriendo sus delgadas piernas, dejando su durÃsima polla apuntando hacia el techo. Ocupaba prácticamente toda la cama; yo me puse encima de él; nuestros pies se tocaban, yo estaba puesta a cuatro patas y mi cabeza quedaba justo encima de su polla. Acerqué mis labios a su glande. De momento, no usaba mis manos, lo querÃa hacer sólo con la boca. Empecé a darle tiernos besitos en la punta de su polla. Él se estremecÃa a cada contacto. Saqué la lengua, y comencé a lamerle su gran capullo. Le iba dando lametazos; y su polla se balanceaba ligeramente, pero pronto se ponÃa de nuevo recta como una estaca debido a su gran excitación. Fui pasando mi lengua a lo largo de todo su miembro, hasta llegar a los huevos, que también mojé bien con mi saliva. Entonces, empecé a comerme su polla pero por los costados; le pegaba unos bocados agarrándole su polla con mis labios. Cómo me gustaba sentir esa dureza y esa calentura entre mis labios. Él disfrutaba como nunca; cerraba los ojos y gemÃa débilmente, aunque de vez en cuando me miraba para ver cómo jugaba con su aparato.
Al cabo de unos cinco minutos, paré un momento, me incorporé un poco y me dispuse a hacerle una buena mamada. Puse mi boca encima de la punta de su polla, abrà tanto como pude mi boca y fui bajando. Noté cómo iba entrando su hinchado glande y seguà bajando hasta comerme un poco más de la mitad de su polla. Mientras la tenÃa adentro, jugaba con su polla con mi lengua. Fui subiendo poco a poco, adecuando mis labios al grosor de su polla, ya que me encantaba notar el desnivel de su glande. Durante otros cinco minutos más me la fui comiendo sin prisa y nunca hasta llegar al final. De repente, él levantó sus brazos y colocó sus manos encima de mi cabeza, acariciando dulcemente mi pelo. TenÃa media polla dentro de mi boca y él me presionó un poco con sus manos para que me la metiera más adentro. Asà lo hice; fui bajando y su polla iba desapareciendo en mi boca. Él arqueó el cuerpo y levantó ligeramente su espalda y su culito, intentando ponérmela toda adentro. Aproveché ese momento para poner mis manos en sus nalgas e hice un poco de presión, hasta que mis labios hicieron contacto con su vello púbico y con la parte superior de sus huevos. La tenÃa toda adentro; su glande estaba explorando las partes más recónditas de mi boca. Hice aún más presión sobre él; mis labios apretaban su bajo vientre; y durante cinco segundos me quedé asÃ, con su polla totalmente enterrada y devorada por mi golosa boca. Yo estaba muy caliente; a pesar de que no me masturbaba, notaba que tenÃa el coño bien mojado. Luego, levanté la cabeza rápidamente, contemplando, una vez más, su espléndida polla en su máxima expresión. Me preguntaba cómo podÃa caberme todo eso en mi boca. Continué chupándosela, bajando y subiendo a un ritmo dinámico. Cada vez que bajaba llegaba hasta el final; y cuando subÃa, me sacaba el glande de una forma muy sensual.
Entonces, cuando ya hacÃa casi veinte minutos que habÃa empezado a besarle, lamerle, chuparle y comerle la polla, me dijo que ya no podÃa más, que se iba a correr enseguida. Yo, como era la costumbre, me la saqué rápidamente de la boca, y dejé de chupársela. Me disponÃa a pajearle y que él acabara en mi mano; cómo solÃamos hacer. Pero se me pasó por la cabeza que esta vez podrÃamos hacer algo nuevo; es decir, pensé en dejarle que se corriera en mi boca y en mi cara. Aunque a mà no me agradaba demasiado el olor y el tacto viscoso y gelatinoso del semen, me dije a mà misma que algún dÃa u otro tenÃa que probarlo y creà que ése era el momento adecuado. Asà que, sin decirle nada, acerqué de nuevo mis labios a su glande y me la metà de golpe adentro. Empecé a bajar y subir deprisa, como si le estuviera masturbando con la mano. Entonces, recuerdo que él me dijo:
- ¿Qué haces, Sandra? ¡Que me voy a correr ya!
Él era muy bueno conmigo. Me lo repetÃa por si no me habÃa enterado la primera vez. Aunque él soñaba con hacerlo alguna vez, me respetaba mucho y anteponÃa mis peticiones a sus deseos. Eso aún me hizo estar más convencida de hacer lo que ya habÃa iniciado en ese momento. A pesar de su segunda advertencia, yo seguà mamándosela. La tenÃa completamente dura y muy hinchada. Estaba claro que estallarÃa de un momento a otro. Viendo que yo no paraba, él se dio cuenta claramente de cuál era mi intención. Antes de eyacular, sólo tuvo tiempo de decir:
- Ohhhh, madre mÃa, Sandra…
Yo tenÃa más de la mitad de su polla en mi boca cuando noté su primer chorro de caliente y espeso semen. Me llegó directamente a la garganta. Intenté no tragármelo, pero se coló un poco de su leche y bajó por mi cuello. Al ser la primera vez que hacÃa semejante cosa, y al no estar acostumbrada al sabor y tacto del esperma, saqué su polla de mi boca. Justo cuando salÃa su glande, soltó un segundo chorro, mucho más abundante y con más presión, que se coló por entre mis labios. Ese lechazo hizo que en mi boca hubiera un hilera de semen desde mi campanilla, hasta la punta de mi lengua. No supe qué hacer con el semen en mi boca, asà que lo dejé caer encima de la polla de mi novio.
Yo continuaba con la cara encima de su miembro, aún sobresaltada por todas las nuevas sensaciones que estaba viviendo. Estando en esa posición, vi claramente cómo se abrÃa el agujerito de la punta de su polla y cómo salÃa de ahà un tercer chorro de semen, que esta vez fue a parar parcialmente a mi mejilla izquierda. Soltó un cuarto chorro que me dejó toda mi pequeña nariz repleta de su leche calentita. Luego ya no hubo más lechazos, pero aún le seguÃa brotando semen de la punta, ya sin fuerza. Le cayó una buena cantidad de semen sobre su propia polla. Le masturbé con la mano para que acabara de salir toda la leche que llevaba dentro. La verdad es que cuando terminó, me sorprendà bastante de todo lo que habÃa sacado. Sin duda, habÃa sido la corrida más abundante de las que yo habÃa presenciado.
Entonces yo no supe muy bien qué hacer. Estaba con semen en la nariz y en la mejilla izquierda, tenÃa algunos restos en la boca y mi mano estaba pegada a su polla, llena de semen. No sabÃa si debÃa chupársela otra vez un poco más, o limpiarnos y hacer otra cosa. Ciertamente, la visión de aquella polla, aún tiesa, repleta de semen viscoso y pegajoso, me quitó la idea de volver a ponérmela en la boca. Lo único que hice fue besar de nuevo su hermoso glande. Me quedaron los labios con restos de leche. Inconscientemente, me los limpié con la lengua y tragué saliva; entonces aprecié mucho mejor el sabor del semen, junto con lo que me quedaba de esperma por entre los dientes y en la lengua, ya que en el primer chorro que me lanzó fue directamente hacia adentro y casi no noté su sabor. Ahora que lo sentÃa bien, no me desagradaba del todo. Supuse que haciéndolo más veces me acostumbrarÃa al tacto, al olor y al sabor del semen; y asà ha sido, ya que actualmente, ya no tengo ningún reparo en que me lo hagan. Ni que decir que mi novio quedó muy satisfecho; y me lo recompensó muy bien, sinceramente; me estuvo comiendo el coño algo más de media hora.
Pero bueno, lo que pretendÃa con este relato era contaros la primera vez que un chico se corrÃa en mi boca y en mi cara y la primera ocasión que probaba el semen, y asà lo he hecho. Espero que os haya gustado.

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me gustaria que me la chuparas a mà tambien igual Sandra. Nadie me la ha chupado jamas quiero eyacular en tu boca con 2 lechazos
felicidades, es una de las mejores descripciones de una buena mamada. Increible!!!!!!
excelente sandra ! cuando quieras charlar sobre esto ya sabes que tienes que hacer .. morocho_70@hotmail.com
Esta descripción es muy buena. Yo tenia miedo de tragarme el semen de mi novio pero creo que probaré.
Muchas gracias
hola raquel sabes a mi tambien me gusta el sabor de los mios es muy rico tambien es muy rico tomarlos de la vagina o del ano tu no lo as echo asi ? Respondeme por favor para compartir experiensias
muy bueno sandra en sexo no hay reglas ,un beso desde argentina!!
Hola sandra muy buen relato, tu edición y todo lo demas, aqui les dejo a ti y a cualquier mujer que desee agregarme a su correo ok. caifas908@hotmail.com, tambien publico relatos y me gustaria compartirlo son mujeres.